Históricamente, el estado se ha considerado de riesgo sísmico bajo a medio.
¿El resultado?
La mayoría de los reglamentos de construcción no exigen diseños estructurales a prueba de terremotos como en la Ciudad de México o el sur del país.Por otro lado Protección Civil activa protocolos de evacuación cuando llegan ondas de sismos del Pacífico, y las escuelas y empresas participan en los simulacros nacionales.
El verdadero foco rojo es la cultura ciudadana. Como casi no tiembla, casi nadie tiene mochila de emergencia ni plan familiar.
Pero la sismicidad local está cambiando: enjambres sísmicos en San Felipe y desgajamientos en zonas como el “Brinco del Diablo” han demostrado que cuando el suelo se mueve, no sabemos cómo reaccionar.