




Tu cerebro tiene un filtro natural que hace que ciertos olores desaparezcan de tu percepción, aunque sigan presentes en el ambiente.

Se adentran en el corazón de las tormentas más peligrosas del planeta para cumplir una misión que puede salvar miles de vidas.

Durante siglos, una creencia injusta los convirtió en víctimas de supersticiones. Hoy, muchos siguen pagando las consecuencias de esos mitos.





