Por el suelo marino cruzan enormes cables submarinos de fibra óptica. Por dentro tienen hilos de vidrio tan delgados como un cabello humano, pero capaces de transportar millones de datos a la vez.
Tus mensajes y videos se convierten en destellos de luz láser que viajan casi a la velocidad de la luz. Cada 100 kilómetros, pequeños amplificadores submarinos potencian la señal para que no se pierda.
Así que la próxima vez que envíes un mensaje, recuerda que acaba de cruzar un océano entero nadando en un rayo de luz.
¿Tenías idea de esto?












