Para Andrés, ser afilador es un oficio de cuna, su papá le enseñó la labor y hoy tiene 35 años afilando cuchillos en distintas colonias de la ciudad de León.
“Afilar un cuchillo no es fácil, porque si no le das tu el temple a un cuchillo y lo enfrías a tiempo, el cuchillo se quema y se quiebra”
Anteriormente realizaban su trabajo con piedra o esmeril mecánico, ahora han perfeccionado el proceso con esmeril de motor. Dicen que no es un trabajo regular, hay días buenos y malos, por lo que se ha ido perdiendo el oficio. Este oficio ha ido desapareciendo con el tiempo, y ya no es tan común escuchar el silbido del afilador por las calles.