Durante más de dos meses las autoridades negaron una fuga masiva de petróleo en el Golfo. Mientras la gobernadora de Veracruz Rocio Nahle aseguraba que las playas estaban limpias, pescadores y ambientalistas registraban redes destrozadas y fauna muerta.
Después de señalar a un “buque fantasma”, Pemex terminó reconociendo que la causa fue la ruptura de un ducto detectada en febrero. El saldo: un desastre ambiental y una cadena de omisiones.