Cada año, miles de personas recorren este trayecto para cumplir una manda, caminan de noche, en silencio, concentrados en llegar, y es justo ahí cuando comienzan las historias. Muchos comentan que en el trayecto aparecen personas de la nada, caminan contigo, hablan normal y de pronto ya no están.
“Un chavo íbamos a la par y llegando allá eran los restos de la señora que tenía mandas”.
La creencia se repite entre los peregrinos, ellos explican que son almas que murieron sin cumplir su promesa y regresan sólo para terminar el camino.
“Son muchas almas, personas que se van de este mundo y no hicieron su manda”.
Algunos juran que salen de entre las hierbas o aparecen tiradas en el camino, y cuando eso pasa, el ambiente se siente distinto.