En la suprema corte, en la ciudad de México, hubo una escena que parecía más de salón de clases que del máximo tribunal del país… terminó dando más de qué hablar por las formas que por el fondo.
Uno pensaría que en la Suprema Corte de Justicia cada minuto vale oro, pero parece que la minista del acordeón, Lenia Batres, no está en la corte... si no en la escuelita. Mientras otro ministro hacia uso de la palabra, ella estaba muy entretenida con el presidente de la Corte, Hugo Aguilar. Pero el momento estelar llegó cuando le tocó presentar su propio proyecto, pues parecía que las ideas le habían concedido un amparo. Con todo y el ejército que tiene la ministra.
Pero eso si, doblar la ropa, propponer nuevos impuestos, dar clase de moral cuatroteista y explicar cómo debemos vivir los demás, ahí no necesita acordeon.