Llegó en el pecho de los evangelizadores franciscanos a nuestras tierras en el siglo 16, es la Virgen de San Juan de los Lagos.
Llevaron a la Virgen a una pequeña capilla de adobe y techo de paja, donde estuvo aproximadamente un siglo. Una mujer indígena, de nombre Ana Lucía, era la única que le prestaba atención a la imagen de la advocación de la Virgen de la Inmaculada Concepción.
“Ana Lucía le tiene gran devoción porque ella descubre que de estar guardada, a veces aparecía en el altar, que lloraba y que le concedía muchos favores”, contó Javier Hernández Sánchez, vocero de la catedral.
En 1623 la Virgen hace su primer milagro; una niña cae haciendo malabares como parte de un espectáculo de cirqueros y muere, entonces Ana Lucía se le ocurrió poner a la Virgen en el pecho de la pequeña, y milagrosamente la niña volvió de la muerte, desde entonces miles y miles de feligreses acuden a San Juan de los Lagos a ver a la milagrosa “Virgen chiquita”.