Durante un año, Carlos de 18 años, vivió con alucinaciones como consecuencia del abuso de cristal.
“Visiones, pensaba que los miraba, salía a la calle y miraba platillos voladores y los extraterrestres como me hablaban y bajaban; me encontraba a veces en una casa abandonada yo solo, y miraba al diablo”, contó Carlos Castellano.
Cuenta que sus noches eran intranquilas. De acuerdo con especialistas en salud mental, el consumo del cristal puede provocar insomnio, paranoia y alucinaciones, ataques de pánico y comportamientos agresivos o violentos.
Carlos ya dio un gran paso, se encuentra en una clínica para tratar su adicción.