NOTICIAS.- En Celaya, parece que a la administración del morenista Juan Miguel Ramírez Sanchez, ya nomás le falta que lo orine un perro; desde el inicio, cuando confiesa que se reunió con la delincuencia organizada. Luego aceptó que no tenía los derechos de vía para algunos de sus proyectos.
Y de la imagen urbana ni hablamos… la gente se le manifestó por talar más de 400 árboles. También prometió acabar con los baches para septiembre, y no cumplió la meta. Y le seguimos con los contratistas que renuncian por miedo a la inseguridad, baquetazos y cierres a los negocios del centro histórico.
Lámparas de alumbrado público puestas al revés y declaraciones del alcalde que a veces hasta él mismo tiene que explicar; ya no sabemos si Celaya está en obra, o en obra negra, y ahora que llega un perro para echarle “una firma” literal, a esta administración. Con todo lo que pasa, los perros parecen estar decidiendo “esto ya es mío” y cada vez están más cerca de cumplir la profecía: “nadamás falta que los orine un perro.