El piloto mexicano vivió una jornada especial en el Gran Premio de México, donde disputó su carrera número 300 en la Fórmula 1, aunque los problemas con Cadillac terminaron por arruinar su actuación.
Después de un año de ausencia, el tapatío regresó al Autódromo Hermanos Rodríguez al volante de Cadillac, con la ilusión de regalarle una alegría a la afición mexicana.
Y el inicio fue prometedor. Checo arrancó desde la posición 20, pero tuvo una espectacular salida que le permitió recuperar seis lugares y colocarse en el puesto 14. Incluso llegó a rodar en la posición 13, demostrando que podía competir con algunos de sus rivales directos.
Sin embargo, la ilusión comenzó a desvanecerse durante su primera parada en pits. Una falla en la pistola utilizada para cambiar las llantas provocó que el mexicano perdiera varios segundos y posiciones importantes.
La situación se complicó todavía más cuando recibió una penalización de cinco segundos por exceder el límite de velocidad en el carril de boxes.
Aunque Checo intentó recuperar terreno durante la carrera, los problemas terminaron por condenarlo a una complicada remontada. Finalmente, cruzó la línea de meta en el lugar 17, lejos de la zona de puntos.
Pese al resultado, el mexicano agradeció el apoyo de los aficionados que lo acompañaron durante su fin de semana especial, en el que alcanzó 300 participaciones en la máxima categoría del automovilismo.
La victoria fue de Max Verstappen, mientras que Kimi Antonelli completó el podio y aseguró el campeonato mundial.
Checo volvió a México, recibió el cariño de su gente y celebró una cifra histórica, pero Cadillac todavía tiene mucho trabajo por delante.













