Pero al llegar el otoño, hay menos luz y frío, así que el árbol apaga su producción. Al desaparecer el verde, salen a la luz los verdaderos colores que ya estaban ahí. Amarillos y naranjas por unos pigmentos llamado carotenoides, y rojos por los azúcares atrapados.
Mantener las hojas en invierno gasta muchísima energía y perderían agua que las raíces congeladas no pueden reponer.
El árbol entra en un proceso biológico mediante el cual desprende de manera natural sus hojas y así entra en modo ahorro de energía para renacer en primavera.













